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Parásitos Internos en Los Perros

En su mayor parte son conocidos con el nombre genérico de Lombrices intestinales, pero ni todos los parásitos internos viven en el intestino del perro, ni todos son lombrices. La clase de los Arácnidos presenta en este grupo a las molestas Linguátulas, poco corrientes, y entre los Esporozoos encontramos a las Isosporas y las Babesias, productoras de graves enfermedades. Las Linguátulas viven en las fosas nasales, y las Isosporas  y Babesias en el intestino y en la sangre, respectivamente. Las lombrices intestinales, pertenecientes a la clase de los Gusanos, son las más abundantes, las más corrientes y las de mayor número de especies que parasitan a los animales. 

Proceden de huevos, embriones o formas larvarias que el perro ingiere con la comida o con la bebida, o que penetran  en su interior por las heridas e incluso a través de la piel de la planta de las patas cuando ésta es muy delgada. Algunas especies se reproducen dentro del perro y otras, como determinados áscaris, llegan a pasar de la madre al feto por la placenta.

La clase Gusanos se divide en dos grandes grupos: el formado por especies planas o en forma de cinta (Platelmintos), y el constituido por especies redondas, cilíndricas o filiformes (Nematelmintos). Las Lombrices intestinales poseen representantes en ambos grupos: las Tenias entre los Platelmintos, y los Ascaris, Ankylostomas, Uncinarias, Filarias y Trichuris entre los Nematelmintos. En este grupo se encuentran también las Dictophymas parásitas del riñon.

De todas ellas estudiaremos brevemente su biología.

 

Tenias

 

Las Tenias pertenecen a la clase Platelmintos, subclase Cestodos. Sus cuerpos tienen forma de cinta y están segmentados transversalmente en anillos rectangulares o elípticos, rellenos por un tejido parenquimatoso y conteniendo diversos aparatos del gusano.

Las tenias son los parásitos intestinales más frecuentes y menos peligrosos del perro, observándose en todas las edades y en todas las especies caninas. También reciben el nombre de solitarias por el hecho de que solamente suele encontrarse una por perro, ya que el parásito produce unas sustancias especiales que impiden la permanencia de un segundo individuo.

Existen más de veinticinco especies de tenias, algunas de las cuales son propias de las regiones árticas o se encuentran solo en territorios bastante reducidos, pero las más conocidas habitan por todo el mundo. Todas son parásitos migratorios, es decir, que, para su evolución ha de pasar forzosamente por dos huéspedes sucesivos. Los huevos se transforman en larvas dentro de un primer organismo que puede ser el de un animal herbívoro , el cerdo, la pulga o el hombre, y su desarrollo finaliza en el intestino del perro, donde tiene lugar la reproducción. Dado este ciclo evolutivo, se comprende perfectamente que un perro no pueda transmitir directamente la tenia a otro perro.

Entre las tenias que parasitan al perro se encuentran las siguientes:

 

Tenia serrata

Llamada vulgarmente “tenia del conejo” por pasar su fase larvaria en el peritoneo y el mesenterio del conejo, tanto del bosque como doméstico, de la liebre y del ratón. El perro la adquiere al devorar a estos animales. Su longitud varía desde 0,5 a 2 metros, posee una doble corona de ganchos en el extremo del escólex, sus huevos son elípticos y la larva, o cisticerco, es del tamaño de un guisante y está llena de líquido.

 

Tenia margitana

De 1,5 a 2 metros de longitud, posee también una doble corona de ganchos. Estos ganchos varían en cada especie en número y dimensiones, pero no estableceremos aquí estas diferencias. Los huevos son esféricos y las larvas adquieren el tamaño de un huevo de paloma o de gallina, alojándose en el peritoneo, la pleura y el pericardio de los rumiantes y del cerdo.

 

Multiceps cenurus

O tenia cenura, llega a alcanzar como máximo un metro de longitud. Sus larvas, del tamaño de un huevo de gallina, suelen alojarse en el sistema nervioso de los corderos y otros rumiantes domésticos, invadiendo el cerebro y la médula, y produciendo trastornos conocidos con el nombre de “modorra”, vértigo o cenurosis. A fin de evitar esta peligrosa enfermedad en los corderos, deben examinarse cuidadosamente los perros de pastor dedicados a su guarda y protección , y desembarazarlos periódicamente de sus tenias.

 

Multiceps serialis

Es más pequeña que la anterior, pues su longitud varía entre los 45 y 70 cm. La larva  se aloja en el tejido conjuntivo y seroso del conejo y de la liebre, situándose con preferencia en la región del cuello.

 

Echinococcus echinococcus

También llamada Tenia echinococcus y Echinococcus granulosus, mide de 2,5 a 5 mm de longitud y, en su forma larvaria, puede resultar mortal para el hombre al que parasita como huésped intermedio, perforando las paredes gástricas con sus tres pares de ganchos y llegando por medio de la sangre al hígado, pulmón, músculos, etc., donde forma quistes hidrópicos muy voluminosos, hasta del tamaño de una cabeza humana, llamados hidátides o equinococos. Los otros huéspedes intermedios son los rumiantes domésticos y el cerdo. La anchura de esta tenia es de 0,3 mm y posee tan solo cuatro anillos, de los cuáles el último es tan grande como todos los demás juntos y el único que madura. Los huevos se ingieren con el agua, hierva o verduras, por lo que una medida profiláctica eficaz será una buena higiene y el lavado a fondo de las verduras en las regiones donde sea frecuente la enfermedad. Naturalmente, deberán alejarse de los perros que padezcan este parásito y evitar los lametones de los mismos. Es imprescindible también la desinfección de granjas y perreras por el peligro que puede entrañar la difusión de esta infección hidatídica.

 

Dipylidium caninum

También llamada Tenia cucumerina, es de muy fácil propagación, ya que la larva vive en la pulga del perro. Este parasitismo, por consiguiente, está ampliamente extendido y es frecuente también en los niños que conviven con los perros. El parásito adulto mide de 10 a 40 cm, con una anchura de 2 a 3 mm. El escólex termina en cono con 3 o 4 coronas de ganchos que, junto con las ventosas, les sirven para agarrarse a las paredes intestinales. Como las tenias tipo, carecen de boca y de tubo digestivo, absorbiendo el alimento por ósmosis. Los anillos, por centenares, se desprenden portando una gran cantidad de huevos de color rojizo o nacarado que son tragados por las larvas de las pulgas, no por el insecto adulto. A su vez, el perro queda infectado, no por la picadura de la pulga, sino porque es comido por el animal en su afán por desprenderse de este parásito externo. También el piojo puede ser trasmisor de esta tenia que alcanza su edad adulta en el intestino del perro.

En general, y por lo que ya hemos visto, los agentes intermedios, sean los que fueren, se infestan al ingerir los huevos de las tenias expulsadas con los excrementos del perro, y éste, a su vez, adquiere la teniasis cuando se come las vísceras de los animales que contienen las larvas. Para evitar las tenias es conveniente, por lo tanto, no dar al perro intestinos de conejos, sesos de cordero, desperdicios de cerdo o de buey, etc, en crudo.

Los trastornos producidos por las tenias no son apreciables a menos de que los parásitos sean muy numerosos, cosa que, como ya hemos señalado anteriormente, no es muy frecuente. Para eliminarlas hay que recurrir a vermífugos especialmente preparados a base de arecolina, no bastando los purgantes ordinarios. La expulsión ha de ser completa, ya que de no ser así, el parásito volvería a desarrollarse en pocas semanas.

 

Los áscaris

Son Nematelmintos, gusanos de cuerpo cilíndrico  y filiforme, sin segmentación ni tejido de trabazón en la cavidad general y cubierto por una cutícula. El tubo digestivo posee boca y ano y son heterosexuales por lo general.

Los áscaris son generalmente sinónimo de lombrices intestinales por ser las que con más frecuencia se encuentran en el intestino del huésped que parasitan. Existen diversas especies que viven en el perro y cuya longitud varía entre los 5 y los 20 cm. suelen habitar en el intestino delgado y, si son muy numerosas, llegan a ocluirlo, lo cual, ya de por sí, constituye un grave problema.

Pero, además, causan anemia, un adelgazamiento progresivo y una extrema debilidad, llegando a producir la muerte del animal en un plazo de cinco a ocho semanas. Aun en pequeño número, el perro que las sufre se desarrolla mal, padece de gastroenteritis, prurito anal y desórdenes nerviosos.

De las especies que infectan a los perros, la más común es la Toxocara canis, cuya extremidad cefálica presenta dos alas membranosas laterales delgadas que luego se ensanchan dando al animal un aspecto acorazonado. El paso del huevo al animal adulto sigue un largo y complicado camino ya que, en contra de lo que se creía, cuando eclosiona el huevo la larva no se desarrolla inmediatamente en el intestino. Los huevos, que primitivamente salieron con las heces fecales, son tragados por el perro e incubados en el intestino.

Las larvas nacidas de estos huevos perforan las paredes intestinales, se incorporan al torrente sanguíneo, atraviesan el corazón, llegan al pulmón y se alojan en los alvéolos. Con movimientos propios pasan a los bronquios y a la tráquea. Con la expectoración, estas larvas llegan a la boca y de allí, por el esófago y  el estómago, alcanzan el intestino donde esta vez sí que se desarrollan completamente hasta hacerse adultas.

Algunas larvas complican aún más este recorrido a través de capilares venas, llegando a desplazarse por todo el organismo antes de alcanzar su meta final, el intestino, donde se fijará para alimentarse, desarrollarse y procrear.

Debido a esta larga emigración, necesaria e imprescindible, los áscaris pueden penetrar en el feto de la perra embarazada a través de la placenta. Este es el motivo por el que se recomienda tratar a la perra con vermífugos antes del acoplamiento y durante la gestación hasta un cierto límite. Las larvas de los áscaris, incluso antes de que nazca el cachorro, se fijan en el intestino, convirtiéndose en adultos una semana después del nacimiento. También pueden aparecer en sus deyecciones y, en este caso, cuando la perra lame a sus cachorros, vuelve a tragarse las larvas. Por su parte, los cachorros pueden asimismo infectarse al ingerir los huevos adheridos a la piel y a las mamas de la madre. La transmisión de la ascariasis, por consiguiente, no precisa de agente intermedio, pasando directamente de perro a perro.

Estas facilidades de contagio explican la necesidad de una rigurosa higiene, antes, durante y después del parto, de la eliminación de todos los áscaris en los perros que conviven en una perrera, y de evitar la contaminación de alimentos y agua, medios muy corrientes de infección.

Los áscaris constituyen también un peligro para el hombre, y especialmente para los niños, por la facilidad de contagio, invadiendo el hígado, los pulmones, riñones, el corazón y los ojos.

 

Los ankylostomas

La familia Estrongylidae, del grupo de los Nematelmintos, está constituida por gusanos de cuerpo cilíndrico con boca subventral o subdorsal, provista de papilas y ganchos en número variable según los géneros.

Es esta familia se encuentra el género Ankylostoma, cuyos representantes son los causantes de la enfermedad conocida en términos generales como anquilostomiasis.

La especie más interesante para nosotros, desde el punto de vista parasitario del perro, es el Ankylostoma caninum, cuyos machos miden 10 mm de longitud por 0,4 mm de anchura, y las hembras alcanzan los 14 mm de longitud y 05, mm de anchura. Son lombrices intestinales de color blanco o gris, con la cabeza curvada en forma de gancho. Se alimentan sorbiendo la sangre a través de las paredes del intestino delgado donde pueden acumularse en gran número, invadiendo incluso el ciego, el colon y el recto. Las heridas causadas por sus afilados dientes tardan en cicatrizar y, como quiera que estos parásitos cambian de lugar con frecuencia, no es de extrañar que causen un profundo desangramiento. De ahí que la anquilostomiasis reciba también el nombre de anemia perniciosa. Por  su facilidad de propagación, representan un grave peligro para los perros de jauría.

El desarrollo del huevo al animal adulto pasa por cuatro fases larvarias que se van produciendo a lo largo de su compleja evolución. Las larvas pueden penetrar en el perro por la boca, con los alimentos o la bebida, o por la piel, especialmente por las zonas de las patas en  que es más fina, gracias a un termotactismo positivo. Si además, existen heridas o rasguños en ellos, la invasión será más fácil.

De los huevos expulsados con las heces fecales nacen unas primeras larvas que crecen rápidamente, sufren una transformación que da origen a la segunda larva la cual, por una nueva morfosis, queda convertida en una tercera, muy ágil, que vive en ambientes húmedos y en el agua, y es la que penetra en el organismo del perro cuando éste bebe o se baña en agua contaminada o se tiende en un suelo húmedo, sucio de los excrementos de otros animales enfermos.

Las que penetran por la boca del perro pasan directamente al intestino, donde se hacen adultas, alcanzando todo su desarrollo a las 3 o 6 semanas, y comenzando la puesta que iniciará un nuevo ciclo. Las que penetran por la piel, caminan hasta alcanzar un vaso sanguíneo y entonces a través del aparato circulatorio, llegan hasta el pulmón, se introducen en la pleura y son expulsadas a la boca cuando el perro tose. Tragadas por el animal, llegan entonces al intestino como en el caso anterior.

Los ankylostomas  forman parte de un grupo de lombrices cuyas larvas producen un fenómeno conocido con el nombre de parasitismo de tránsito. Cuando la larva es ingerida por el hombre o algún animal que no es el huésped adecuado, siguen en su cuerpo la trayectoria normal pero no se fijan en el intestino, sino que vuelven a salir con las heces. Sin embargo, suelen producir trastornos y eczemas en el individuo cuyo organismo recorren accidentalmente.

 

Las uncinarias

Son lombrices muy parecidas a los Ankylostomas  y de hecho pertenecen a la misma familia pero a un género distinto, el Necator. Mencionemos , como la más conocida entre los parásitos del perro, a la Uncinaria stenocephala.

 

Las filarias

Esta familia de los Nematelmintos parasita generalmente el sistema circulatorio, muscular y seroso, por lo que sus huevos o embriones no se detectan en las heces sino en los análisis hematológicos.

La filaria parásita del perro es la Dirofilaria immitis, lombriz no más gruesa que un hilo y muy larga, ya que el macho puede alcanzar una longitud de 18 cm y las hembras el doble. Vive en el ventrículo derecho y en los tejidos que circundan el corazón, provocando la muerte de miles de perros todos los años, especialmente en los climas cálidos. Está muy extendida por todo el mundo, pero donde causa más estragos es en el Japón y otras regiones de Asia.

El ciclo de esta lombriz es bastante complicado. Los huevos eclosionan en el útero de la hembra, por lo que ésta deposita las larvas directamente en la corriente sanguínea. Estas larvas llamadas microfilarias, viven durante un año en el sistema circulatorio del perro, pero sin llegar a desarrollarse, ya que para ello necesitan la concurrencia de un huésped intermedio que, en este caso, es el mosquito. Cuando el mosquito chupa la sangre de un perro infectado, absorbe también las microfilarias que crecen en su interior durante 15 días y luego emigran hacia su trompa. El mosquito así infectado inocula estas larvas en un nuevo perro, pero no llegarán a su corazón hasta dos o cuatro meses más tarde y todavía necesitarán otros cuatro meses para alcanzar su completa madurez.

Es fácil de comprender, por este ciclo, que la filariosis es una enfermedad de fácil propagación y que, dados sus resultados, casi siempre fatales, todo cuanto se haga para su prevención es poco. El peligro puede alcanzar incluso al hombre.

 

Los trichuris

Pertenecen a un género incluido en la familia Trichocephalide de los Nematelmintos. Su cuerpo, en su parte anterior, es flageliforme, mientras que su parte posterior, que aloja a los órganos genitales, es mucho más gruesa, y está estriada transversalmente.

El más conocido es el Trichuris vulpis, lombriz que vive en el ciego o apéndice del perro y que provoca en éstos la infección llamada trichuriosis canina. Los huevos, salidos con los excrementos del animal, desarrollan en su interior , en un ambiente húmedo, unos embriones que conservan su vitalidad durante años. Ingeridos por el perro, eclosionan al cabo de 2 o 3 semanas, pero las larvas, precisarán aún 3 meses para llegar a adultas.

Este parásito es fácil de combatir porque los huevos son muy frágiles y en una perrera bien desinfectada, mueren rápidamente.

Dentro de esta familia podemos citar al Trichiuris depressiusculus, que recorre una larga trayectoria por los pulmones, bronquios, tráquea, esófago y estómago antes de llegar al intestino grueso, donde se hace sexuado; a la Hepatícola hepática, de cuerpo capiliforme y con finas estrías transversales, que parasita a los perros parias; y la Trichinella spiralis, cuyas larvas se enquistan en el tejido muscular, produciendo la enfermedad conocida con el nombre de triquinosis.

 

Las dictophymas

Forman la familia de los Nematodos, cuyo máximo representante es la Dictophyma remale, lombriz redonda, de simetría bilateral, que es la más grande de su especie.

Parasita los riñones y sus efectos suelen ser mortales. Por fortuna, no es una lombriz frecuente en los perros.

 

Las linguátulas

Son arácnidos deformados por la vida parasitaria. Su cuerpo vermiforme, aplastado, blancuzco y anillado recuerda un poco la cadena de la tenia. Carecen de patas, sustituidas por cuatro garras, sencillas o dobles, poseen respiración cutánea y parasitan las cavidades nasales de diversos animales.

La Linguátula lanceolata, como su nombre indica, tiene un cuerpo lanceolado formado por 90 anillos y pone huevos elípticos que encierran unos embriones acariformes con dos pares de ganchos que, al ser ingeridos por herbívoros como el conejo o el cordero, quedan en libertad, perforan la pared intestinal y se alojan, por lo general en el hígado, donde se transforman en larvas que pasan a la cavidad pleural o peritoneal. Los perros adquieren estas larvas al comerse los órganos infestados de los herbívoros. Las larvas, al llegar al estómago, se desprenden de sus cubiertas y pasan a las fosas nasales done se hacen individuos sexuados y ponen huevos que son lanzados al exterior con los estornudos. La linguatosis canina es frecuente en los países del norte de Africa.

 

Las isósperas

Un dicho afirma que no hay “enemigo pequeño”, y aquí nos encontramos con su ratificación ante la presencia de los Esporozoarios, protozoos exclusivamente parásitos que forman una clase constituida por familias cuyos componentes ocasionan graves enfermedades al hombre y a los animales. Digamos, como ejemplo, que la malaria y las fiebres tercianas en el hombre, y la coccidosis y la babesiasis en el perro y otros animale, son enfermedades producidas por individuos de estas familias.

El género Isospora pertenece a la familia Eimeridae, que está incluida en el orden Coccididos de la clase Esporozoos. Las isosporas carecen de órganos locomotores o son muy reducidos, del tipo flageloide en alguna fase de su complicado ciclo reproductor.

Las isosporas son parásitos endocelulares, de alimentación osmótica, cuyos quistes contienen dos esporas con cuatro esporositos. La más común en  el perro es la Isospora bigemina, parásita del intestino, que produce diarreas, a veces sanguinolentas, y una extrema delgadez.

 

Las babesias

Pertenecen a la familia Piroplasmidae y poseen un ciclo evolutivo semejante a las isosporas, de las que se diferencian, principalmente, por su género de vida, ya que son parásitos de la sangre de los mamíferos en lugar de habitar en su intestino.

Son muchas las babesias que parasitan a diversos animales y que son específicas de los mismos. La del perro es la Bebesia canis, redonda u oval, de 1 mm de diámetro, movimientos amiboideos y un núcleo bien desarrollado. Produce en el animal atacado la enfermedad conocida con el nombre de babesiasis o piroplasmosis.

 

 

 

 

 

 

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